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¡Cada día me esfuerzo más por ser una MALA MADRE!

Antes de tener hijos había escuchado que la parte más difícil de ser madre era que los hijos no venían con un manual de procedimientos. La idea en el momento me pareció irónica y hasta exagerada, hasta que fui madre.

Acostumbrada al sistema de evaluación y compensación de hoy en día, entendía que si hacía lo que debía de hacer como madre, es decir, cuidarlo, amarlo, enseñarle a diferenciar entre lo bueno y lo malo, educarlo, alimentarlo, protegerlo, en fin, ser una buena madre, naturalmente que mis hijos iban a reconocerlo y agradecerlo, ¿acaso no lo hacía yo con mis padres?…lo que no contaba era con los 20 años de diferencia que se tiene que esperar para finalmente hacerlo.

La cruda realidad empezó cuando mi hijo mayor tenía raciocinio y podía hablar y expresar natural y sinceramente sus sentimientos. De repente según sus palabras me di cuenta que de acuerdo a su criterio, yo me había convertido en una MALA MADRE. Me di cuenta de que cuando yo no le satisfacía sus requerimientos urgentes y de vida o muerte, como por ejemplo, comer a deshora, quitarle una paleta, bañarlo, etc., efectivamente, frente a sus ojos yo era la peor madre del mundo.

¡Esto me impactó! ¿Es que acaso mi hijo no se daba cuenta de que todo lo hacía por su bien actual o futuro?¿es que realmente estaba siendo una mala madre?.

La respuesta me tomó muchas consultas con asesoras importantes (primero mi madre, luego hermanas, amigas, cuñadas, libros y en fin todo el mundo que pudiera opinar sobre el tema). Simple y sencillamente me tenía que acostumbrar al hecho de que frente a sus ojos y en ese momento era una mala madre.

Esto parece sencillo, pero no lo es. El ser humano está acostumbrado a ser premiado por sus buenas acciones y esto le incentiva a seguir haciendo un buen trabajo. Pero con los hijos no pasa igual. Se tiene que tener principios muy firmes para soportar rechazos tan profundos como horas de gritos, llantos, pataleos, insultos, etc., y mantenerse firme frente a situaciones que fácilmente se pudieran resolver con pequeñas sumas de dinero o con simplemente ceder. Si, probablemente si cediéramos pudiéramos evitarnos muchos momentos difíciles. Nuestras convicciones deben de ser muy fuertes para soportar toda la campaña en contra que nuestros hijos son capaces de montar.

Lo peor de todo es que no sabemos exactamente si estamos en lo correcto o no…probablemente en algunas ocasiones nos habremos equivocado con el único propósito de hacer de nuestros hijos personas de bien y exitosos en la vida.

La respuesta la da el tiempo y a veces este momento toma mucho en llegar. Al final me conforma saber que la naturaleza humana es única y que lo que ha funcionado para unos funcionará para otros.

Tener principios firmes y sólidos, tener el amor como termómetro y la fe de que Dios sabe que al final de todo lo hacemos por el bien de ellos, me conforman y me hacen seguir mi propósito de ser la “mejor de las malas madres”.

De Ilonka Castillo
Para todas las “malas madres del mundo

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